
La
Biblioteca de Amalia

Tema 06
Mercado Actual de
la Piel
Primera parte
No es novedad para nadie que estamos ante una depresión muy importante a nivel mundial en las ventas de pieles y particularmente las de chinchillas.
Situaciones de este tipo se presentan cíclicamente. Una no muy lejana fue la vivida entre los años 1991 al 1993 en nuestro país.
Los factores que crean estas depresiones son por lo general convulsiones políticas que modifican la estabilidad económica de los países consumidores de pieles. Ocasionalmente los factores son de índole ambiental, como las recientes inundaciones en Europa o la gripe atípica en China.
Muy pocos estadounidenses piensan en adquirir prendas confeccionadas con pieles naturales ante la actual crisis económica que estalló a partir del ataque a las Torres Gemelas en New York.
El uso de prendas suntuosas tienen su auge en tiempos de bonanzas económicas y políticas.
En síntesis: el mercado pilífero está sujeto a una serie importante de factores que inciden directamente en la comercialización de las pieles y principalmente en las pieles de más valor como son la marta sibelina y la chinchilla.
Al estrecharse la franja consumidora de pieles finas y caras ha provocado que los confeccionistas en su afán por no perder mercado se tornaran más exigentes en la calidad del producto. Conocedores del desequilibrio que se produjo entre la oferta y la demanda, pagan precios más bajos sin temor a quedarse sin materia prima.
Cómo afectan todas estas variables al mercado argentino de pieles de chinchillas?
Yo diría que más que afectarlo lo han convulsionado.
Actualmente cientos de criaderos han entrado en una crisis pocas veces vivida.
La estabilidad ficticia en la que estuvimos inmersos en estos últimos años nos adormeció en muchos aspectos. Mantener un criadero improductivo era difícil pero no imposible. Muy pocos tuvieron la capacidad de reaccionar, modificando las pautas de trabajo. El resto siguió manteniendo estructuras mentales perimidas en otros países. Y aún hoy se continúa creyendo que nos van a comprar todo, hasta las viejas hembras retiradas de producción.
Muchos criaderos siguen funcionando en condiciones mínimas e indispensables. Y eso se terminó, al menos en el hemisferio norte y Europa Occidental.
En Argentina, miles de criadores ignoran lo que es producir calidad exportable. Empezaron con muy pocos conocimientos del oficio que tampoco actualizaron y como en todo negocio el que no avanza en el mejoramiento de su empresa se atrasa y el que se atrasa pierde.
Otro factor fundamental que debe ponernos en estado de alerta es el profesionalismo de los criadores de países más avanzados. Están logrando mejoramiento genético y de manejo impensables aún en nuestro país.
Una realidad insoslayable es que en Argentina la producción de pieles y especialmente de chinchillas aún está en pañales.
Animales criados en cautiverio, o sea que dependen totalmente del criador, no solamente para vivir sino para reproducirse y mejorar su calidad genética, en muchos casos son tratados como mascotas y además con la creencia de que no importa cómo nos harán ganar dólares sin mucha dedicación y capacitación.
Lamentablemente nos falta profesionalismo. Y eso significa capacitación intelectual, empresarial, en genética, en trabajo dentro del criadero, en perfeccionar la etapa más importante de la actividad tal cual es reconocer la maduración en un animal vivo y por último el peleteo, estaqueado y preparación de una piel, momento culminante de un proceso que insumió casi un año.
Falta profesionalismo, no me importa ser reiterativa. Causan espanto los porcentajes de pieles arruinadas por los propios criadores en el momento del peleteo. Daños fácilmente evitables si se trabajara con más responsabilidad.
Muchos se obstinan en seguir multiplicando animales que todos sabemos nunca se deberían haber comprado y que lamentablemente aún hoy se siguen vendiendo.
Las responsabilidades están repartidas entre los cabañeros del hemisferio norte que durante años nos vendieron animales descartados en la selección dentro de sus criaderos y los primeros cabañeros argentinos que sin ningún reparo, vendieron animales costinos, claros y sin densidad. Porque los descendientes que pululan en muchos criaderos de nuestro país seguramente no aparecieron por generación espontánea. Todos sabemos que las primeras chinchillas que entraron a nuestro territorio no emigraron desde del norte de la Cordillera de lo Andes.
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